Creo que me estoy enganchando demasiado a las cosas. Supongo que subiré pocas entradas en este blog. Estaré ocupada yendo a la fábrica de Super Glue a quejarme.
Añoro esas tardes heladas llenas de calor en tu casa, mirando cualquier película que daban en SueñosTV. Echo en falta esas sonrisas al revés y las pocas ganas de salir cuando no hacía frío. Aún extraño cuando me abrazaba a mí misma y me quitaba la bufanda de la boca para poder respirar algo de oxígeno confuso. Añoro esas calles repletas de melancolía y tristeza; y la gente que nunca paseó por ellas. Echo en falta el agua asomando la cabeza a través de mi ventana y las piedras que nunca tiraste a ella para llamar mi atención. Echo de menos el granizado de limón por el cual me catalogaban de loca, las hojas de los arboles desnudos sin color y tus mejillas ruborizadas por cualquier palabra mía. Extraño el nunca dormirme aunque ya no haya sol, el saber que puedo volar cuando quiera; y el conocimiento de que estarás a mi lado cuando eso ocurra. Añoro el sombrero elegante de color blanco que vestía la Señora Montaña, los día sin estudios y un chocolate amargamente dulce en medio de la nada. Echo en falta esos guantes que compré y nunca me puse y esas tardes en que acababa llena de manchas de sopa caliente en tu casa mientras fuera el viento se llevaba ilusiones. Extraño esas camisetas de manga larga con las cuales taparme las manos y el notar el rastro de saliva que dejabas en mi mejilla tras un beso y lo mucho que tardaba en desvanecerse. Echo de menos querer y ser querida. Y aún añoro esa oscuridad que siempre me aterraba y esos copos de nieve que nunca mancharon mi albina piel.